miércoles, 17 de marzo de 2010

mimosín

Yo soñaba con muchas cosas. De pequeña. Muy pequeña. Soñaba que me subía encima de una paloma de color azul. Y volaba por el cielo azul. Y me abrazaba a las nubes, que también estaban pintadas de azul. Me encontraba con mi tatarabuela. No sé qué tatarabuela, porque era una mujer que yo nunca había conocido porque ya estaba muerta. Pero yo soñaba con ella, porque había niños que conocían a sus bisabuelos y eran como abuelos, pero más viejos. Y eso era divertido, y yo no tenía bisabuelos ni tatarabuelos. Mi tatarabuela era… no sé cómo era. Podía ser alta o baja, de pelo cano o tal vez morena o rubia. Quizá era delgada o gorda, no sé. Nunca me lo planteé. En mi imaginación simplemente era una mujer que era como una abuela, pero más vieja. Y ella contaba todas esas cosas que cuentan los abuelos, con la diferencia de que para ella los abuelos eran jóvenes. Ella ya estaba muerta, sí, pero al estar conmigo era como si estuviera viva. Soñaba con ella… pero soñaba despierta pensando en ella. Porque nunca soñaba con ella por las noches. Por las noches soñaba con volar. Y con el osito de Mimosín. Un oso grande y blanco que hablaba raro. Como el del anuncio, pero más grande y con voz más mimosa todavía.

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