sábado, 23 de enero de 2010

LOS ELEFANTES ROSAS

Verónica soñaba con elefantes rosas con orejas grandes y barrigas redondas. Se despertaba en medio de la noche con un sudor frío que le recorría la frente y con ganas de llorar.
Isabel, en la cama de al lado, se dormía tapando el rostro con los brazos, como si así pudiera evitar que los demonios de su cabeza la vieran y se la llevaran para siempre.
A veces Isabel tenía demasiado miedo y se metía en cama con Verónica. A veces era Verónica quien no aguantaba las visiones de aquellos animales rosas con sonrisas siniestras y despertaba a Isabel para que se metiera en su cama.
Cuando a Verónica le subía la fiebre los elefantes rosas se volvían más gordos y espantosos. Tan redondos como inmensas pompas de jabón, y flotaban por sus sueños sonriendo.
Aquella habitación grande siguió llenando las noches de espantosas visiones de monstruos y fantasmas durante mucho tiempo. Cuando Verónica tiene una mala noche todavía puede sentir la presencia de esa multitud de pesadillas infantiles con animales gigantes y diablos rojos. Un escalofrío le recorre entonces el cuerpo, y Verónica tiene miedo. Es el mismo miedo de los ocho años. El mismo miedo de los diez. Es el miedo que ahora la atormenta con veinticuatro.

2 comentarios:

  1. Genial.
    ¿Por qué coño tenemos que recordar las pesadillas de pequeños? Algún día pregúntame por la mía.
    Love you

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  2. Acabo de subir una entrada sobre el miedo y juro que no había leído tu blog antes. xD.

    ( me gustó mucho )

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