jueves, 14 de enero de 2010

La cola del ambulatorio


Lo peor eran los análisis de sangre y las vacunas. Las vacunas dolían y los análisis daban grima. Además las enfermeras eran prepotentes y querían acabar rápido. Sólo cuando te desmayabas se preocupaban por ti, y te llamaban bonita, y decían que comieras chocolate y te acostaban en una camilla.
En el ambulatorio siempre había mucha cola y la mayoría de las personas que esperaban eran señoras viejas. No viejas porque tuvieran muchos años, que, sin duda, los tenían. Sino porque vestían como viejas, se peinaban como viejas, hablaban como viejas y olían como viejas. Seguramente habían sido viejas la mayor parte de su vida. Seguramente a los cuarenta años ya eran viejas.

3 comentarios:

  1. Hoy Mac dijo en clase, algo de olor a vieja y yo le hable de Ramonita. Mi abuela no huele a vieja. Ni se siente vieja. Ni se va a sentir, ni se ha sentido. Que coño a sus ochenta años, no es vieja. Puede estar un poco arrugada, muy poco, pero nada más. Jamás seremos viejas. Yo me niego a serlo desde ya. Ahora, eso sí, viviremos en China.

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  2. OSTIA PUTA, me encanta. ¿Es tuyo?

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