domingo, 1 de agosto de 2010

la desconocida


Una desconocida me mira desde el interior del espejo. Se ha vestido con mi pijama y lleva mis zapatillas. Se parece mucho a mí. Me mira fijamente con una sonrisa burlona. Todavía es temprano y sé que, otro día más, jugará a ser yo.


***
Una desconocida que, cuando quiere, vive mi vida y utiliza mi propio cuerpo

domingo, 25 de julio de 2010

Náusea


Es imposible. Por mucho que escapes no encontrarás lo que buscas.

martes, 15 de junio de 2010

irremisiblemente ABSURDO


Es absurdo ver cómo las moscas vuelan, los coches pasan, las mujeres salen de misa, los hombres de la taberna y los niños pasean sus igualmente absurdos juguetes por estas aceras viejas. Es absurdo sentirse nada, ínfimo en la infinitud, un inciso en la eternidad. Es absurdo pensar que sirve de algo pensar, o que no sirve de nada, que las cosas importan o no, todo da igual, todo es absurdo. Pero no da igual, porque importan muchas cosas. Hay muchas cosas importantes que al mundo le parecen absurdas, y nos desesperamos, y nos consumimos en la absurdidad absurda de querer encontrarle explicación a lo tal vez inexplicable. Y es absurdo estar pensando esto mientras veo cómo la señora de la camisa azul pasea con su bolsa verde mientras habla por teléfono. A la vez que las nubes se vuelven cada vez más negras y algo me dice que empezará a llover de un momento a otro. Da igual. En el banco se está bien. Y pienso en el Lazarillo vengándose del ciego por no oler el poste y sí la longaniza; y en el zapato de Cenicienta; y en las Cariátides apoyándose sobre la pierna más alejada del eje del pórtico; y en la mala suerte de la letra “h", y también en la importancia de llamarse Ernesto. Y todo me parece perfecto; y todo me parece genial… pero todo continúa siendo absurdo. Irremisiblemente absurdo. Tristemente absurdo.

viernes, 4 de junio de 2010

Los monstruos se han dormido ya. Volverán a despertarse, volverán. Los monstruos siempre vuelven a despertarse.

martes, 30 de marzo de 2010

Amo en las artes todo lo que es bello; no creo en lo absoluto, en lo que se llama "la escuela" y me gusta todo lo que es alegre, lo que es serio, lo que es terrible, lo que es grande, lo que es pequeño. Me gusta todo, con tal de que lo grande sea grande, lo pequeño sea pequeño, lo alegre sea alegre, y todo sea como debe ser: verdadero
G.Verdi

viernes, 19 de marzo de 2010

miércoles, 17 de marzo de 2010

mimosín

Yo soñaba con muchas cosas. De pequeña. Muy pequeña. Soñaba que me subía encima de una paloma de color azul. Y volaba por el cielo azul. Y me abrazaba a las nubes, que también estaban pintadas de azul. Me encontraba con mi tatarabuela. No sé qué tatarabuela, porque era una mujer que yo nunca había conocido porque ya estaba muerta. Pero yo soñaba con ella, porque había niños que conocían a sus bisabuelos y eran como abuelos, pero más viejos. Y eso era divertido, y yo no tenía bisabuelos ni tatarabuelos. Mi tatarabuela era… no sé cómo era. Podía ser alta o baja, de pelo cano o tal vez morena o rubia. Quizá era delgada o gorda, no sé. Nunca me lo planteé. En mi imaginación simplemente era una mujer que era como una abuela, pero más vieja. Y ella contaba todas esas cosas que cuentan los abuelos, con la diferencia de que para ella los abuelos eran jóvenes. Ella ya estaba muerta, sí, pero al estar conmigo era como si estuviera viva. Soñaba con ella… pero soñaba despierta pensando en ella. Porque nunca soñaba con ella por las noches. Por las noches soñaba con volar. Y con el osito de Mimosín. Un oso grande y blanco que hablaba raro. Como el del anuncio, pero más grande y con voz más mimosa todavía.

sábado, 27 de febrero de 2010

Un día en su vida



Ella no tiene miedo. Ya no ¿Para qué? Va haciendo planes futuros que luego olvida al tercer paso que da. Planes de una vida mejor. Planes para los hijos que nunca tendrá, para la casa en la que nunca vivirá, para el hombre al que nunca encontrará. De un lado al otro de la calle. Siempre esa misma calle, con distintos nombres y distintos edificios. Esa misma calle, aunque con diferentes carteles de colores.
Todos los días llueve. Llueve incluso dentro de su camisa, de sus ojos, de sus uñas. Incluso cuando sale el sol sigue lloviendo. Cuando vuelve, con el alma empapada, ya sólo tiene ganas de meterse en cama... y soñar.

miércoles, 24 de febrero de 2010

zapatos de cro cro





Me gustaban los zapatos nuevos. Y más aún los que hacían “cro cro” y se ponían con vestidos de vuelo de color rosa. Me gustaba el verano, que sabía a algodón de azúcar y olía a playa. Llegaba el invierno y soñaba con la nieve de las películas, pero para mí era casi una desconocida. Y entonces se ponían katiuskas y abrigos de plumas. Mamá me compró una trenca, y a mí me gustaba porque era más elegante. Cuando llegaron los días de colegio empecé a ansiar las vacaciones. Los días de curso se hacían eternos. Algunos niños lloraban en el primer día de clase porque no querían separase de sus madres, como si fuera el fin del mundo, como si un monstruo los fuera a comer. Yo no entendía a esos niños y niñas. Tampoco entendía a aquellos que le contaban a la profesora todo lo que hacían, todo lo que les pasaba, aunque no tuviera la menor importancia.

sábado, 23 de enero de 2010

LOS ELEFANTES ROSAS

Verónica soñaba con elefantes rosas con orejas grandes y barrigas redondas. Se despertaba en medio de la noche con un sudor frío que le recorría la frente y con ganas de llorar.
Isabel, en la cama de al lado, se dormía tapando el rostro con los brazos, como si así pudiera evitar que los demonios de su cabeza la vieran y se la llevaran para siempre.
A veces Isabel tenía demasiado miedo y se metía en cama con Verónica. A veces era Verónica quien no aguantaba las visiones de aquellos animales rosas con sonrisas siniestras y despertaba a Isabel para que se metiera en su cama.
Cuando a Verónica le subía la fiebre los elefantes rosas se volvían más gordos y espantosos. Tan redondos como inmensas pompas de jabón, y flotaban por sus sueños sonriendo.
Aquella habitación grande siguió llenando las noches de espantosas visiones de monstruos y fantasmas durante mucho tiempo. Cuando Verónica tiene una mala noche todavía puede sentir la presencia de esa multitud de pesadillas infantiles con animales gigantes y diablos rojos. Un escalofrío le recorre entonces el cuerpo, y Verónica tiene miedo. Es el mismo miedo de los ocho años. El mismo miedo de los diez. Es el miedo que ahora la atormenta con veinticuatro.

jueves, 14 de enero de 2010

La cola del ambulatorio


Lo peor eran los análisis de sangre y las vacunas. Las vacunas dolían y los análisis daban grima. Además las enfermeras eran prepotentes y querían acabar rápido. Sólo cuando te desmayabas se preocupaban por ti, y te llamaban bonita, y decían que comieras chocolate y te acostaban en una camilla.
En el ambulatorio siempre había mucha cola y la mayoría de las personas que esperaban eran señoras viejas. No viejas porque tuvieran muchos años, que, sin duda, los tenían. Sino porque vestían como viejas, se peinaban como viejas, hablaban como viejas y olían como viejas. Seguramente habían sido viejas la mayor parte de su vida. Seguramente a los cuarenta años ya eran viejas.

lunes, 4 de enero de 2010

CINCO DE ENERO


Hoy, cinco de enero del 2010, decido de una vez y para siempre inaugurar La Habitación Verde.

Un cinco de enero- dicen las enciclopedias y la Wikipedia (esa página que nunca aparecerá en las bibliografías de los trabajos pero a la que siempre, siempre se recurre)- abdicó Ramiro II de León. Fue también un cinco de enero cuando desembarcó en México Fray Bartolomé de Las Casas, cuando nacieron Jorge Juan y Juan Goytisolo, y también Umberto Eco o Pablo Gargallo.

Hace unos catorce o quince años, cuando ni siquiera existía la habitación verde y yo todavía llevaba chichos en el pelo, era la noche más emocionante de todo el año porque era la noche de los Reyes Magos.

Ahora, que ya no llevo chichos en pelo y tengo mi propio habitáculo (verde), el cinco de enero es, casi, un día más.
Y hoy, además, me acuerdo de Ella. De esa persona que debería estar aquí. Porque ya me había olvidado de cómo eran las Navidades sin estar a su lado. Hace poco alguien me dijo “será una de tus mejores amigas, pero la ves mucho menos que a cualquier amiga”, como si resultara extraño que pudiera quererla tanto. Es cierto: la veo poco, y cada vez, con esto de hacernos mayores, la veo menos. No está para salir de fiesta, para decirme que no estudie y salga a las cinco de casa porque ella se aburre en la suya. No está para abrazarme, ni para poder mirarla mal cuando la situación lo requiere. Ni siquiera está para decirme “qué paciencia tengo que tener” o mandarme callar. Pero, curiosamente, es una de las personas que siento más cercanas en mi día a día. Y la que me fuerza a abrir la llave de la habitación verde. Pronto hará cinco años que nos conocemos, y no sólo tenemos planes de futuro en China, sino que además tenemos un pasado para escribir tres volúmenes grandes del libro más enloquecedor del mundo. Eso sí, con un título, cuanto menos, prometedor..

blog inaugurado!:D